Cinco trucos que nos ayudan a evitar las rabietas en niños y niñas.
¿Qué son las rabietas?
Antes de conocer cómo podemos acabar con las rabietas, vamos a saber qué son. Las rabietas son un comportamiento normal y habitual presente en menores con edades comprendidas entre los 2 y los 5 años. En la mayoría de los casos, las rabietas son molestas y difíciles de controlar, el niño pataleando, rompiendo cosas, se tira al suelo, etc. A estas edades, los niños no toleran bien la frustración y son incapaces de entender por qué no tienen o hacen lo que desean. Aunque es un periodo normal y pasajero del desarrollo de todo niño, suele causar estragos en algunos padres. Es por ello, que os vamos a dejar una serie de estrategias para mitigar las rabietas de nuestro hijos.
¿Cómo podemos acabar con las rabietas de nuestros hijos?
- Dejarle su espacio para que se calme.
- Debemos pensar que es necesario que el niño se desahogue, por lo que una rabieta puede ser hasta positiva. Es recomendable dejarle su tiempo y espacio para que puede calmarse. Le podemos decir: «Veo que estas muy enfadado, cuando estés más tranquilo me avisas» y alejarnos un poco de él. De este modo percibirá que aunque nos preocupemos por como se siente no va a conseguir nada con ello.
- No debemos responder con enfado ni perder los nervios.
- Si nosotros respondemos con otra rabieta estamos fomentando esta conducta en el niño. A estas edades somos los grandes modelos de nuestros hijos e imitaran todo lo que ven en nosotros. Ante una rabieta permaneceremos tranquilos e intentaremos ignorar ese comportamiento. De este modo, le hacemos ver al niño que no va a conseguir nada de esa manera y mucho menos nuestra atención.
- Darle explicaciones cortas.
- En esos momentos de ira y enfado los niños son incapaces de razonar ni escuchar lo que le estamos intentando explicar. Están demasiados inmersos en su llanto y en lo injusto que es todo. Frases sencillas y cortas como: «no hay helado porque acabas de merendar», van a ayudar a que el niño no estalle en un berrinche.
- Ofrecerle alternativas cerradas.
- Al ofrecerle elegir entre dos opciones evitaremos mucho de los berrinches que se producen por no conseguir lo que el niño quiere. Es mejor preguntarles, «¿qué quieres para merendar, leche o zumo de piña?» que decirles, «¿qué te apetece merendar?». Con la segunda pregunta le abrimos un mundo de opciones que puede no gustarnos y tener que negársela. Esta negación puede desencadenar un berrinche por parte del niño, al no conseguir lo que deseaba.
- Advertirle que no le escucharemos hasta que se calme.
- Es aconsejable hacerle saber que no hablaremos (o prestaremos atención) hasta que se calme, deje de llorar o gritar. Podemos explicarle que cuando se pone así no entendemos lo que nos dice y debe calmarse para poder hablar.
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Fuente Foto: mi1ºcole.
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